jueves, 19 de septiembre de 2013

fiestas patrias

Tal día como hoy, un 18 de Septiembre de 1810, se proclamó la Primera Junta Nacional de Gobierno en Chile, lo que significaba la proclamación de Chile como un Estado Nación independiente de la Corona española. Desde entonces, los chilenos han venido conmemorando este evento en lo que aquí se conocen como Fiestas Patrias. Las Fiestas Patrias, o de la chilenidad, son una de las celebraciones más populares de este país, en las que se exalta la cultura chilena y las tradiciones típicas que les confiere su identidad nacional.

157 años después, también un 18 de septiembre, se producía otro evento de dimensiones cósmicas: mi llegada al mundo. Lo que nadie imaginaba era que este singular acontecimiento se iba a ver completamente eclipsado por la celebración de las Fiestas Patrias una vez que aterrizase en Chile.

Y es que realmente, nunca había visto un pueblo tan entregado a sus fiestas como el chileno. Aquí la gente se vuelca y se celebra de corazón su fiesta nacional con una devoción que haría sonrojar a los mismísimos costaleros de la Virgen del Rocío.

Las Fiestas Patrias se empiezan a mascar en el ambiente como 2 ó 3 semanas antes, pero cuando llegan te estampas de bruces contra ellas porque el país se ve convulsionado por toda una serie de acontecimientos para los que hay que estar preparado. Millones de personas se lanzan a la calle abarrotando mercadillos, plazas, comercios y supermercados para comprar compulsivamente todo lo necesario para pasar estos días. Avalanchas de gente colapsan las carnicerías, los cajeros se quedan sin plata ya desde la víspera, los atascos se generalizan y miles de coches abandonan Santiago como si una gran debacle estuviera a punto de llegar.

Paseando por la calle te das cuenta de que son fiestas patrias porque en cada poste hay una banderita chilena, en cada cuadra un vendedor ambulante vende adornos y ornamentos con motivos chilenos, los coches van engalanados con banderitas y cintas hasta en los retrovisores, ves pasar gente vestida con trajes típicos y por todas partes suenan canciones folclóricas. Realmente se trata de unas fiestas muy tradicionales y coloridas.

En mi caso comenzaron el viernes 13 con los actos conmemorativos en el colegio de los niños. El inicio fue sorprendente. Todo el colegio cantó a coro el himno nacional y a continuación un ex-alumno realizó un baile a la bandera. Después fueron pasando por el escenario los diferentes grupos de alumnos mostrando diferentes bailes regionales de todos los rincones del país, ataviados con los trajes típicos correspondientes. Sara y Bruno no fueron menos, y también bailaron cueca y recitaron payas con sus compañeros de clase. Y a partir de aquí, una semana completa de vacaciones. Los colegios hacen un parón primaveral, y este año como el 18 y 19 caen en miércoles y jueves, todo el país hace puente durante esos días.

Una de las cosas que caracterizan estas fiestas es que en cada municipalidad se montan fondas, que es el equivalente nuestras ferias. Se trata de recintos que albergan chiringuitos de comida, casetas para beber y bailar, atracciones y conciertos. No podíamos dejar pasar por alto una manifestación tan popular, así que nos acercamos a la fonda de Calera de Tango, en la que pudimos degustar empanadas, asado de vacuno, sopaipillas... Luego Sara y Bruno se lo pasaron genial montando en las atracciones.

El día de mi cumple decidimos hacer un asado e invitar a nuestros penitentes amigos Juanjo y Panchi, así que desde primera hora de la mañana comenzamos a preparar todo. Afortunadamente hacía un día precioso y se estaba de maravilla en el jardín. De repente, nuestro vecino de poniente saca el equipo de música a su jardín y nos casca el himno nacional a toda pastilla para, a continuación, deleitarnos con unas amenas marchas militares. Mientras tanto, nuestro vecino norte hace lo propio con su equipo de música y comienza a soltar a todo watio canciones tradicionales chilenas. Y nuestro vecino sur y el de levante, y finalmente te das cuenta de que cada casa es una fiesta. Todo el mundo pasa la mañana preparando y adecentando su barbacoa o su quincho para la celebración en familia, con amigos, colegas o compañeros. Y así todo el día, la noche, el día siguiente, y en el momento de escribir esto que es la segunda noche, nuestros vecinos tienen un fiestón montado en su casa con ciento y la madre, animador, juegos para los niños y hasta karaoke.

La verdad es que fue un día de cumpleaños bien curioso, agradable y bien ambientado, sobre todo desde que el vecino poniente cambió las marchas militares por canciones folclóricas. Luego nuestra vecina nos animó a que nos acercáramos a una media luna (viene a ser como un ruedo) en un rancho cerca de casa en el que organizaban actividades para ir en familia, así que después de una agradable y patria sobremesa nos acercamos al rancho. La verdad es que fue todo un espectáculo. Pudimos ver actividades infantiles tan populares como agarrar al chanchito, doma de oveja, o sillas musicales a caballo. También una especie de rodeo chileno. Todo de lo más local y auténtico.

Son las doce y media de la noche, todos duermen en casa, y yo escribo esto amenizado por la música de los alrededores que no cesa. Realmente es muy difícil explicar el ambiente festivo que se vive durante estos días por todo el país. Hay que vivirlo.


Sara y Bruno vestidos de huaso y huasa, el traje tradicional chileno, en el colegio.


En la fonda de Calera de Tango:















Engalanados para las fiestas patrias


Cartel de la Fonda de Malloco


Un cumpleaños en plenas fiestas patrias:









En el Rancho Llollehue:

Intentando agarrar al chanchito

Doma de oveja

Niños bailando cueca



Rodeo chileno

Sillas musicales a caballo





Comprando empanadas y sopaipillas
















lunes, 9 de septiembre de 2013

finde

Este ha sido nuestro tercer fin de semana en Chile, y parece que llevemos aquí ya un año dada la cotidianidad que está adquiriendo todo. En estas tres semanas, los niños se han incorporado con total normalidad al colegio, hemos adquirido un ritmo de hábitos y horarios en casa, nos desenvolvemos con normalidad por la zona, conocemos las rutas y los comercios habituales en los que abastecernos para el día a día, dominamos los supermercados de Talagante así como los mall que nos caen más a mano y ya nos hemos familiarizado con los productos y las marcas, así que somos capaces de circular con el carrito por los pasillos sin abrumarnos, paseamos por las calles de Talagante sin poner cara de guiri absorto, conducimos sin mayor problema por las carreteras de la zona conviviendo con micros, camiones, colectivos, bicis, peatones, caballos, perros y gallinas, hacemos asados los fines de semana con los amigos, Sara ha retomado sus clases de equitación, hemos encargado una mesa de madera para el quincho, hemos ido al Plaza Oeste en la micro, hemos encargado una torta de cuchuflí para el cumpleaños de Bruno y nos hemos acostumbrado al horripilante graznido que los queltehues emiten a todas horas (incluida la noche). Se puede decir que ya somos casi tan lugareños como el mismísimo inca Tala Canta.

Sólo nos quedan dos retos, uno que tratamos de evitar, y el otro que aún ansiamos. El primero es adentrarnos en Santiago, para no acortar en exceso nuestras ya castigadas vidas, aunque alguna incursión sí que hacemos, y el segundo se trata ni más ni menos que de La Cordillera. Siempre presente como telón de fondo, espectacular los días limpios, con sus cumbres nevadas, sigue ahí pendiente esperando que la toquemos. Pronto, pronto.

Bueno, volviendo al fin de semana, ha sido entretenido. El sábado por la mañana Sara estuvo montando a caballo, y Bruno también se animó a dar una vuelta. La verdad es que Sara ha tenido mucha suerte con su pasión equina, pues nuestro vecino tiene caballos y además hemos descubierto una hípica al lado de casa, que podemos ir caminando, para que Sara pueda seguir con sus clases, así que está encantada.

Después de comer y sestear un poco fuimos a visitar a nuestros amigos Juanjo y Panchi, y pasamos el resto de la tarde disfrutando de su entrañable compañía. Suerte que estuvimos con ellos, porque nos avisaron que justo este fin de semana se cambiaba la hora, pasando ya al horario de verano, o sea, más luz por las tardes. Eso quiere decir que ahora tenemos un desfase de 5 horas con la Península (Skyperos tomad nota).

El domingo fuimos a visitar el Parque del Bicentenario en Santiago, y el GPS nos la jugó y nos hizo atravesar Santiago sin saber que había manifestaciones y casi morimos en el intento. Finalmente llegamos y valió la pena. Es como el Madrid Río de Santiago, un parque enorme que sigue el cauce del río Mapocho, con un montón de columpios para que jueguen los niños. Muy bonito, la verdad.

Y después nuevamente a comer a casa de nuestros queridos y hospitalarios amigos Juanjo y Panchi. Con tanta visita no sé si les durará mucho la hospitalidad, ja, ja, ja. Lo cierto es que sin saber ni cómo ni por qué, de repente me vi cargando tablones y llevándolos al carpintero para que nos hiciera una mesa de jardín. Quedará muy bien en el quincho. Y después vuelta a casa disfrutando de esa hora de luz extra con una espectacular vista de la Cordillera recibiendo los últimos rayos de sol. Un bonito colofón.

Escenas cotidianas cenando en casa:




Los caballos del vecino:




La hípica y Sara y Bruno montando a caballo:




En el parque del Bicentenario en Santiago:





Cargando tablas para hacer una mesa:


La famosa torta de cuchuflí para el cumpleaños de Bruno:


En realidad se trata de un haz de barquillos rellenos de manjar (dulce de leche), bañados con chocolate. Un invento brillante.

Queltehues en el jardín:

No se aprecia muy bien, pero andaban con un polluelo. Anidan en los jardines y ahora están en época de cría, por lo que a la mínima empiezan a chillar, incluso por la noche, si detectan la proximidad de una persona, un perro, un conejo o lo que sea. Es por ello que están considerados unos buenos guardianes.




miércoles, 4 de septiembre de 2013

más vuelta al cole

Realmente el aterrizaje que han tenido Sara y Bruno en el cole no ha podido ser mejor. Si me descuido no me dan ni un beso cuando les dejo por las mañanas. Están encantados, así que aquí os pongo algunas fotos más de sus primeros días, para deleite sobre todo de la familia.

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Esta jaula está en el patio, y tiene gallinas. Pobrecitas.

Columpios.

Al fondo están sus clases.

Subiéndose al árbol.


Que se vea que estamos en Chile.

Vestidos ya con el uniforme del cole.

Esta es la clase de Sara

Vista del colegio por la parte interior.

Otra vista del colegio.

Los peques junto a nuestro "Renault" Sandero









lunes, 2 de septiembre de 2013

vuelta al cole

Hoy ha sido un día un tanto especial. El día en que nos hemos enfrentado a uno de los mayores temores que teníamos desde que nos embarcamos en esta aventura. Ha sido el día en que Sara y Bruno han vuelto al cole. A su nuevo cole. La cosa es más complicada de lo que parece porque en realidad aquí no estamos a comienzos de curso, sino más bien a finales. Es otra de las consecuencias del cambio de hemisferio. Aquí el curso va de Marzo a Diciembre, ya que es en Enero y Febrero cuando se hacen las vacaciones de verano. Eso quiere decir que acá el curso aún no acabó, y por tanto Sara y Bruno han comenzado sus clases en el mismo curso que en España sí que habían acabado ya. O sea, que entran en un grupo consolidado de alumnos que ya lleva meses de andadura. Por fortuna, los niños suelen ser cariñosos y muy interesados por la novedad, así que seguro que enseguida querrán conocer a Sara y Bruno y saber cosas de ellos.

Y por si fuera poco, su nuevo cole es un cole bilingüe, por lo que las clases serán en inglés, y el inglés que traen Sara y Bruno es como de andar por casa. Suerte que los niños son como esponjas y enseguida asimilan las cosas.

Lo bueno de todo esto es que ahora tendrán tres meses y poco de curso y cuando llegue la Navidad... vacaciones de verano otra vez!!! La verdad es que suena genial. Además, así podrán adaptarse al cole, los compañeros y el inglés para que puedan comenzar el curso que viene mucho más centraditos, y esta vez sí, en el nivel que les corresponde.

Lo cierto es que su primer día ha ido muy bien. Sara se ha quedado sin problemas, y a Bruno le ha costado un poco más, así que le hemos acompañado un rato a clase, pero a los 10 minutos ya estaba distraído jugando con los otros niños, y nos hemos podido despedir de él sin drama ni lágrimas.

Cuando he ido a por ellos a mediodía, todo perfecto, así que ha sido un buen comienzo, tanto para los niños como para nosotros, sufridores padres a veces en exceso por el bien de nuestros retoños.


Sara y Bruno la mar de contentos tras su primer día de cole.